domingo, 18 de diciembre de 2011


Ya  cansado de acumular cada ruido molesto en la lista de reproduccion para tratar tapar ese chicharreo estatico de viejo refrigerador, escribo este discurso molesto que redunda y busca dar pena:


Es la razon la que nos pide ser más duros, es la cabeza gigante y pesada la que quiere controlar todo este atavio de carne y huesos, en su duro gobierno solo va atrofiando cada parte, borrando con humo cada buen sentimiento que sale del pecho, dando todo el poder a la mano derecha, segundando la parte izquierda para que el corazon quede reducido a impulsar la sangre, que en su cansancio no logra calentar ni la punta de los dedos. La maquina pensante que va prendiendo y apagando transistores, no hace màs que fallar los calculos, en algo que pide màs que sumar, impulso a colgar al caudillo que se llama a si mismo libertador, desde el mismo bulbo raquideo arrancarselo desde la espalda y liberar el cuerpo al vacio, que caiga y se desprenda en el vacio de todo peso, se reduzca al caer al oceano en millones de partes, y busque la libertad en un cuerpo que se extiende por toda superficie.
 Echarse en los recovecos del cobertor, ya no escondera a nadie de los problemas inventados, arrugarlos para cargar con ellos se convierte en deber, para mantener a la cabeza afirmada a la espalda, amarrarla con los pelos que se quedaron en la ducha y marchar directo al horizonte,  alcanzar la luna cuando se este bañando y detenerla para que eclipse el sol, salir a pasear en la frescura naranja, matar todos los libros de autoayuda que buscan en 10 pasos mostrarnos el camino hacia el supermercado y del supermercado a la casa, y de la casa al trabajo.

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