Estoy listo para chocar otra vez con las piedras, mis manos aun tienen tierra y arden rasguñadas, me limpio las rodillas, aguantando el descontrolado ardor, el frío barro que tengo hasta los tobillos me hace estornudar y sentir todo un poco más pesado. Aun así con todo esto, me tiraré a ese pozo de agua verde y tibia, no puedo tener asco por estos días, es mejor curar la desesperación que preocuparse por la decencia o el asco.
Ya después de hundido en todo eso, esperare acostado sobre el musgo que salga el sol, él sabrá darme suerte, o algún destino sin motivo. No temeré a los albures funébres, ni a celestiales condenas, tan atrapado como pueda, estaré atado a esta libertad. He de ser consciente de esta asesina felicidad, no espero tener una mejor razón, mantenerlo simple ha sido el lema de las primeras batallas de esta eterna guerra.
Como si avanzará en ciclos, reina el león moviendo su pelaje por un mundo circular, no puedo medir su velocidad, en un espacio tan relativo. Y en todo caso, al final ésta no ha sido más que una advertencia que he escrito para ti.

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